Si, debo admitirlo. Lloré e insulté mucho esa madrugada en que Svenson nos clavó un tiro libre desde Estocolmo y nos mandó de vuelta en primera ronda.
Agravié al cielo y no veía explicación de porqué si éramos los mejores, nos teníamos que ir tan temprano. Era un niño, no había tenido decepciones en la vida aún. Creía en un mundo justo en el cual la recompensa por el trabajo existía. Evidentemente no era así.
“El tiempo te dará la razón” fue uno de los conceptos mas claros que leí sobre Marcelo Bielsa. La procesión de un trabajo extremo, de un pensamiento concreto y de una puesta en acción estricta necesita del recurso agotable por excelencia, ese que a todos nos falta y el mismo que nadie valora: El tiempo.
Exigir resultados de la noche a la mañana no puede estar relacionado con la aprehensión de conceptos que puedan desarrollarse consecutivamente a través de las distintas circunstancias. Tracemos una analogía con un examen. Si estudiamos sólo la noche anterior (todos lo hemos hecho alguna vez), puede que nos vaya bien o mal pero seguro no habremos aprendido sino que guardamos dicha información en la memoria a corto plazo para sacarla a relucir prontamente.
“Técnico que debuta, gana” habla claramente de conceptos relacionados con la motivación. “Escoba nueva, barre bien” es otra frase que parte del mismo núcleo conceptual.
Generar una estrategia que contenga un planeamiento exhaustivo, que busque un efecto determinado y que logre ser perdurable a través del tiempo es sinónimo de trabajo. Si a esto le acompañamos el cumplimiento de los objetivos planteados a partir de buenos resultados, estamos hablando de un éxito.
Lo que sucedió en el mundial de 2002 tiene que ver con esto. No hubo éxito. No se cumplió con el objetivo. Probablemente se falló en muchas cosas, pero lo que nadie puede negar es que no se cumplió con todos los pasos de la cadena que eslabonan un proceso satisfactorio.
Diez años después nos encontramos ante el reconocimiento mundial. El mismo que tenía la Selección Argentina cuando salía a presionar en tres cuartos de cancha a Italia de visitante o el que le hacía a Bolivia tres goles en la altura de La Paz.
¿Por qué llegamos a esto? Porque estamos en el "durante". Porque aún el crupier no ha pronunciado esa increíble frase que dice “no va mas”. Todavía no se ha determinado quien gana y quien pierde. Todavía todos están en carrera, entonces se puede halagar. El tema pasa cuando llegamos a instancias de cara o cruz. Ganás o te vas. Ahí es cuando se muestra la hilacha.
¿Sería incrédulo pensar que tienen preparadas las dos notas? La que se titula “Increíble triunfo del Athletic” pero también la que expresa que “Bielsa volvió a fracasar”.
¿Sería ingenuo creer que no les tiembla el pulso al subir una opción u otra? Será porque nunca trabajaron para lograr un objetivo, porque nunca pasaron horas viendo videos para encontrarle mínimas fallas al rival o quizás, porque nunca pasaron una noche desvelados de nerviosismo por el partido del día siguiente.
Marcelo Bielsa es un ejemplo de ser humano. Muestra su ética al darle mismo trato a toda la prensa sin importar el grupo económico del que provengan. Expone sus ideales cuantificados en su trabajo plasmando una idea de juego con los recursos humanos que le toqué disponer/dirigir. Manifiesta su profesionalismo al no sucumbir en ninguno de los oscuros espacios que tiñen al mundo del fútbol. Refleja su calidad de persona al no encontrarse una sola persona que hable mal de él, en un mundo que claramente ha perdido la batalla contra el chusmerío.
El entrenador del mejor equipo de todos los tiempos, Pep Guardiola, ha expresado con enorme humildad que “estábamos ante el mejor entrenador del mundo” en referencia a su persona. No existe jugador que haya pasado por sus manos que no lo mencione como parte fundamental de su carrera. No se le ha encontrado aún una arista negativa a su idiosincrasia y forma de vivir el futbol.
Entonces, es ahí cuando volvemos al punto de inicio. El éxito probablemente se modifique si la pelota pega en el palo y entra o si pega en el poste y sale. La excelencia, está a la vista, que pasa por otro lado.
jueves, 29 de marzo de 2012
jueves, 22 de marzo de 2012
El que critica a Messi es un pelotudo
Si trazáramos un círculo y ubicáramos a todos los hombres del mundo, podríamos hacer un primer segmento y reunir a los que alguna vez jugaron al fútbol. Luego, haríamos otro adentro en donde están los que jugaron decentemente en el barrio y posteriormente agruparíamos a los que se destacaban en el potrero y torneos locales (cada vez quedan menos). Si segmentamos un poco mas, incluimos a los que alguna vez vivieron del fútbol y dando un nuevo paso aquellos que jugaron en primera división de un club. Podríamos continuar acotando con un filtro de calidad por ejemplo separando a quienes jugaron en la selección de su país y para aplicarle otro filtro podríamos poner a los que además de jugar en la selección su país o aquellos que han jugado en la elite mundial. Si nos cansamos de tantos grupitos y queremos hacer algo bien selecto podemos reunir a aquellos que han ganado un balón de oro…si de todos ellos buscamos al mejor, sigue siendo Messi.
Contemplemos todos los factores: Tiempo, espacio y lugar. Estamos ante el mejor.
Criticarlo ya excede el ser un necio o pelotudo. Criticarlo es de envidioso, de miserable o de básico por el estupido argumento de decir que “no ganó un mundial”. Partamos de la base que tiene 24 años y sigamos por decir que Lavolpe ganó un mundial! Junior Baiano ganó un mundial! Materazzi ganó un mundial!
Exigirle que nos regale una copa del mundo es bajar a la realidad el pedido de regalos a Papa Noel. Es admitir que por nuestros propios medios no podemos generarnos una alegría porque el futbol, por mas hermoso que sea, no nos pertenece sino que nos excede. Por mas que gritemos y alentemos y motivemos a los jugadores, tenemos que entender que no somos parte sino que somos espectadores, entonces de ahí parte la exigencia… del no poder acceder por nuestros propios medios.
El mundial es un deseo personal de cada uno de nosotros que al no poder cumplirlo se lo endosamos a él. ¿Por qué? Por el simple hecho de que Maradona pudo… y así como somos tán basicos de evaluar si un trabajo es mejor que otro meramente por si nos pagan mas, entendemos que si Papá Diego nos obsequió una copa del mundo, para que Papá Lionel sea mas bueno, nos tendrá que dar al menos lo mismo.
Las comparaciones existen para analizar estadios en los que se debe optar. En vez de discutir quien es mejor (que vale destacar que no cambiaría nada), agradezcamos que los dos son argentinos. Porque después aparece un pelotudo como Neymar con el pelo de un muñeco troll y todos dicen que es un genio.
Quizas de Messi moleste que no se pelee con nadie ni que existan aristas negativas sobre su vida personal. No venden sus discusiones, porque no las tiene. No aparecen factores extrafutbolisticos, porque no incurre en ellos…y el hecho de no poder vivir de eso ni regocijarse con sus miserias, quizas molesta.
Paremosnos de pie, señores. Tenemos un genio entre nosotros. Así como Favaloro o Charly García en lo suyo, estamos ante un procer. Una persona que se destaca entre los destacados. Un deportista que honra los valores y la ética del juego. Un ser superior en lo suyo. Agradezcamos ser contemporaneos a una figura de tal magnitud.
No perdamos tiempo criticandolo, no le busquemos costados negativos. Seamos buenos y valoremos el hecho de ver a una persona que se esforzó para superar un problema de crecimiento, que vivió su vida abocado al futbol y que cada vez que puede, viene a nuestro país a ponerse la camiseta e intentar sacarnos por un rato de los problemas que nos aquejan.
Contemplemos todos los factores: Tiempo, espacio y lugar. Estamos ante el mejor.
Criticarlo ya excede el ser un necio o pelotudo. Criticarlo es de envidioso, de miserable o de básico por el estupido argumento de decir que “no ganó un mundial”. Partamos de la base que tiene 24 años y sigamos por decir que Lavolpe ganó un mundial! Junior Baiano ganó un mundial! Materazzi ganó un mundial!
Exigirle que nos regale una copa del mundo es bajar a la realidad el pedido de regalos a Papa Noel. Es admitir que por nuestros propios medios no podemos generarnos una alegría porque el futbol, por mas hermoso que sea, no nos pertenece sino que nos excede. Por mas que gritemos y alentemos y motivemos a los jugadores, tenemos que entender que no somos parte sino que somos espectadores, entonces de ahí parte la exigencia… del no poder acceder por nuestros propios medios.
El mundial es un deseo personal de cada uno de nosotros que al no poder cumplirlo se lo endosamos a él. ¿Por qué? Por el simple hecho de que Maradona pudo… y así como somos tán basicos de evaluar si un trabajo es mejor que otro meramente por si nos pagan mas, entendemos que si Papá Diego nos obsequió una copa del mundo, para que Papá Lionel sea mas bueno, nos tendrá que dar al menos lo mismo.
Las comparaciones existen para analizar estadios en los que se debe optar. En vez de discutir quien es mejor (que vale destacar que no cambiaría nada), agradezcamos que los dos son argentinos. Porque después aparece un pelotudo como Neymar con el pelo de un muñeco troll y todos dicen que es un genio.
Quizas de Messi moleste que no se pelee con nadie ni que existan aristas negativas sobre su vida personal. No venden sus discusiones, porque no las tiene. No aparecen factores extrafutbolisticos, porque no incurre en ellos…y el hecho de no poder vivir de eso ni regocijarse con sus miserias, quizas molesta.
Paremosnos de pie, señores. Tenemos un genio entre nosotros. Así como Favaloro o Charly García en lo suyo, estamos ante un procer. Una persona que se destaca entre los destacados. Un deportista que honra los valores y la ética del juego. Un ser superior en lo suyo. Agradezcamos ser contemporaneos a una figura de tal magnitud.
No perdamos tiempo criticandolo, no le busquemos costados negativos. Seamos buenos y valoremos el hecho de ver a una persona que se esforzó para superar un problema de crecimiento, que vivió su vida abocado al futbol y que cada vez que puede, viene a nuestro país a ponerse la camiseta e intentar sacarnos por un rato de los problemas que nos aquejan.
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